EL PRIMER CANCHINFLÍN DE LA TEMPORADA

LA LLEGADA DEL CANCHINLIN HERO (DIG)
Yo sé que he escrito otros posts…pero este es como la inauguración oficial de esta página. Quisiera decir “bienvenidos”, pero inaugurar un blog de comedia con el nombre de ese programa venezolano es como inaugurar una guardería de niños con la palabra “eventualidades” o un Parque Jurásico con la palabra “¡¡¡¡AAAAAAAAAAAHHHHHH!!!!”. Así que solo voy a comenzar por intentar explicar el nombre. Supongo que alguna vez vieron esos especiales navideños en donde un güiro ingenuo, soñador y hecho de plasticina veía caer desde su ventana el primer copo de nieve de la temporada, y luego corría a anunciar que había llegado la navidad con el mismo júbilo con el que las Barbies celebraron el nacimiento del primer Ken con pene –ocurrió en 1987, debido a una falla en el proceso de ensamblaje su zona pélvica se fusionó con el misil de un G.I.JOE. Habría vivido una vida plena en legendarias y opulentas odiseas sexuales si, debido a la misma falla industrial, su cabeza no hubiera sido sustituida por la carrocería de un camión Tonka y su mano izquierda por una mosca en permanente agonía-.

Como alguien que creció en un barrio de Mixco en las periferias de la Ciudad de Guatemala, mi infancia no supo lo que era un primer copo de nieve de la temporada, debo aclarar para las audiencias modernas que esto ocurrió mucho antes de que Álvaro Arzú volara –y no me refiero a tomar un avión- hasta la Antártida, arrancara con sus manos desnudas un colosal fragmento del terreno y finalmente instalara en plena plaza central una pista de hielo para que los niños guatemaltecos sintieran que estaban en Suecia…solo que sin el bienestar social, el desarrollo humano o el Zlatan Ibrahimovic que nos podría llevar a un Mundial. Por supuesto posteriormente Dios le declararía guerra ideológica a nuestro alcalde y haría que nevara sobre San Marcos, en un esfuerzo por demostrar quién era más rex en términos de desafiar a la naturaleza.

Pero al igual que ese güiro ingenuo, soñador y hecho de plasticina yo también veía a través de la ventana, sin embargo a diferencia de ese cerote yo esperaba por la caída del primer canchinflín: el que anunciaría la llegada de la temporada navideña. ¡Yeeeeeeiiiii! era mágico, el shhhhhhhhhhiiiiiiiiiiuuuuuuuuuuuuu solitario que se iba apagando en algún lugar del horizonte; tan melancólico, tan infalible, tan profético de las chamuscas sin responsabilidades, de los tamales, de las idas a Meta Mercado a comprar tarjetas de superhéroes, de ir a ver si conectábamos chavas en otras cuadras, de no conectar chavas en otras cuadras. Había algo fascinante en los canchinflines, quizás el que el lanzarlos te hacía sentir intrépido, o el que si encendías uno sobre una plataforma su trayectoria era imposible de pronosticar, lo cual mi huevo si no era poético. O tal vez el encanto de un canchinflín radicaba en que era irresponsablemente peligroso y su uso podía terminar en tragedia de una surtida variedad de maneras.

No quiero empezar a sonar como esa mara que comparte textos nostálgicos en Facebook sobre cómo su generación que tomaba agua del chorro y jugaba trompo en lugar de Playstation era más feliz. Mamadas. Debió haber sido entretenido durante algún tiempo, pero los videojuegos le hicieron al trompo lo que los súper poderes le hicieron a la gimnasia en términos de perseguir al crimen o lo que el alcoholismo unisex le hizo a regalar hierberas en términos de conseguir sexo. Por supuesto, no niego que regalarle a un niño un trompo por su cumpleaños estimula su imaginación, pues inmediatamente él va a imaginar mundos fantásticos en los que sus papás no son unos garras.

Lo que sí es cierto es que hay algunas cosas que eran mejores en mis tiempos, como los canchinflines, digo, ahora están esas marcas chinas y gringas para elegir juegos pirotécnicos pero se sienten demasiado caqueros, demasiado huérfanos de caciques y toros emputados en sus empaques…y sobre todo demasiado confiables. Pues, lo sorpresivo y espontáneo es adorable, como el no saber si tu canchinflín va a lograrse o te va a reventar en la mano. Me gusta, por lo mismo que me gustan algunos comedores chinos donde podés pedir tu chow-mein mixto o MÁS MIXTO, la diferencia es que mientras el mixto te incluye pollo, lomito, marrano, camarón y a veces gato, el MÁS MIXTO te incluye especies random que se creían extintas, un expediente de vigilancia por parte de PETA y, dependiendo de tu metabolismo, licantropía temporal. ¡Eso es ser audaz!

Esta generación pretende controlarlo todo y hacerlo predecible. Han acabado con la rabia humana, pero con ello también con la mejor versión de jugar a la tenta. Hay que devolverle a este mundo el impulso y la espontaneidad, de vez en cuando cerrá el menú del restorán y grítale al mesero ¡sorprendeme, hijo de puta!, luego añadí ¡y no me refiero a la comida!, acto seguido entregale una espada y luchen a muerte. Luego besalo en la boca.

Déjenme compartirles la siguiente historia a manera de ilustrar la espiral de pussiness por la que, como sociedad, hemos descendido. Algunos amigos y yo fuimos a almorzar a Pollo Campero, cuando nos disponíamos a entrar una hostess se apuró a abrirnos la puerta de vidrio, sonrió, nos dio la bienvenida y nos sugirió una mesa. Como el lugar estaba lleno y el pollo se tardó en llegar, la amable mesera e incluso el gerente, se acercaron varias veces a pedirnos disculpas por el inconveniente, condescendiéndose con nosotros regalándonos papas, refills de refrescante té frío y helados, para compensar. ¿Qué putas?, ¡el lugar se llama Pollo Campero!, como en “dícese de una mierda que es del campo”, no se llama Pollo Cosmopolita o Pollo Saúl. Cuando yo entro a un Pollo Campero espero que la única hostess que me dé la bienvenida sea el olor a estiércol y que cuando me dicen “autoservicio” se refieran a autorizarme cinco minutos en un cuarto oscuro con un talegasal de pollos vivos y el arma medieval de mi elección.

Por suerte mi abuelo nunca vivió para ver esta decadencia porque si él, como solían hacer las poquísimas veces que visitaba la capital para negociar vacas o café, hoy entrara a un Pollo Campero y fuera recibido por una hostess en un ambiente pulcro, con meseras regalándote refills de té frío por la tardanza y gerentes pidiéndote disculpas a cada rato, le diría a mi abuela “Laura, te dije que me llevarás a Pollo Campero, no a un spa”.

La razón por la que me siento autorizado para hablarles de canchinflines es que fui la primera persona en la manzana A del Sector 1 de San José Las Rosas en poner en órbita tres canchinflines a la vez, encendiéndolos uno a uno en mis adolescentes manos y fue como hacer un threesome con el fuego y el peligro. Fue algo importante y por ello se los cuento. Además de incluirlo en mi currículum vitae simultáneamente en formación académica, experiencia laboral, otros estudios, aptitudes, otros cursos y diplomas, proezas pirotécnicas y referencias personales, donde incluyo a La Magnífica Voz del Fuego como mi antiguo empleador con número telefónico SHJKSHJKARDERÁAAAAAAS SHJKSHJKARDERÁAAAAAAS.

* ¡Hey!, pueden encontrar más historias absurdas en la fanpage:

https://www.facebook.com/canchinflinhero
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4 pensamientos en “EL PRIMER CANCHINFLÍN DE LA TEMPORADA

  1. Todos arruinamos el estreno a causa de los canchinflines, una vez estrené un vestido y unas medias, cuando me llevaban a la misa un canchinflin terminó de quemarse en mi pierna.
    Recuerdo cuando la gente miraba que iban a quemar un volcancito solían reunirse en torno a él, mi hermano metía un cuete en el volcancito y cuando todos se reunían salía corriendo y los asustaba. Reíamos mil.

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    • Sí, eso era divertidísimo. Nosotros (mis cuates) encendíamos algunos canchinflines en el centro de una gran piedra, luego corríamos cada uno en diferente dirección. Era chilero. Como una especie de ritual antiguo.

      Ah, y lo siento por tu estreno :(

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  2. Antes de leer empezar a leer este post me preguntaba el por qué del nombre ¨Canchinflín Hero¨. ¿Es entonces por la impresión tan profunda de la experiencia al quemar ¨canchinflines¨en la temporada navideña?

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