LA VENGANZA DEL CHITESTRR (UN CUENTO MORALISTA SOBRE SECRET)

SHITESTRR-ART-low

Mmo-Mmo era un chitestrr. ¿Ah? ¿no saben qué es un chitestrr? perdón, es que a veces se me olvida que estoy platicando con homo-sapiens del siglo veintiuno y no con los cavernícolas pisados que visité la semana pasada durante mi más reciente viaje en el tiempo. Los chitestrr son los grandes héroes olvidados de la civilización.

Pongámole, ahora podés ir a Walmart e ingerir un amorfo bodoque que una seño te asegura que en realidad es un medallón de pollo, y aunque tu experiencia reconociendo objetos te diga “no seás mula, eso se ve como el regalo que Satán le da a los niños del infierno cuando quiere que refuercen su motricidad fina”, igual te sentís seguro porque en la caja que sostiene la impulsadora hay palabras como ”probuspenostrileno” que suenan atroces pero vienen respaldadas por números y registros sanitarios que te garantizan que, legalmente, ese producto no te va a provocar urticaria bolchevique grado 4, o peor aún, anhelo de escuchar a Piva, el reguetonero chapín.

En cambio las tribus prehistóricas como los Murukkuakk, con los que compartí, no tenían laboratorios para garantizar sus alimentos, así que habían decidido que cada octavo crío varón que una mujer pariere, si este contare con una mandíbula competente, en el momento en que adquiriere su tercer molar hubiere de convertirse en el nuevo chitestrr de la tribu. Gustare o no gustare, el culere.

Este es un cuento sobre Mmo-mmo, el chitestrr (o shit-tester) de los Murukkuakk.

Diariamente los Wurukkuakk y yo salíamos a buscar cosas para comer, caminábamos un montón, subíamos montañas, bajábamos montañas, chapotéabamos en la playa y a veces encontrábamos animales más grandes que nosotros. Entonces corríamos gritando y agitando los brazos hasta que casi siempre atrapaba a alguno, por lo que teníamos que esperar sobre un árbol a que la bestia se retirara para recoger los residuos de nuestro camarada y darle un entierro digno. Esto era muy importante porque los Wurukkuakk pensaban que al enterrarlo, un tiempo después el ente reaparecía literalmente en el estómago de una de las hembras de la tribu, solo que en chiquito y estúpido. A veces quise explicarles que el truco de fabricar personas diminutas radicaba en la ancestral magia de coger, pero durante mi estadía con los Wurukkuakk tomé la determinación de regirme bajo la Primera Directiva de la Federación Unida de Planetas (de Star Trek), es decir “el derecho de cada ser vivo de vivir en concordancia con su normal evolución cultural, ningún personal de la Flota Estelar interferirá en el sano y normal desarrollo de la vida y cultura alienígena”.

Así que tuve que aguantarme cada una de sus muladas.

Por las noches, después de cenar, amontonábamos a las crías en la parte más acogedora de la cueva y nos quedábamos platicando alrededor de la fogata. Hablábamos sobre asuntos cotidianos como quién de las mujeres considerábamos que tenía el vello facial más sedoso. Claro, también estaba esa otra mierda espantosa que hacían los Murukkuakk como entretenimiento. Que era masturbarse al unísono cada quien sobre un recipiente individual, para posteriormente pasar en fila arrojando su descarga sobre el rostro del angustiado mono que manteníamos en cautiverio, con el fin de demostrar quién poseía los fluídos más potentes por medio de la intensidad con la que el mono gritara.

De todo corazón hubiera querido que no se enteraran del juego del mono, pero no soy más que un reportero y mi deber es trasladar la verdad.

Cuando finalmente el viento apagaba la fogata, todos, invariablemente, irrevocablemente, nos hacíamos sho y dormíamos. Excepto por aquella noche. Aquella noche una voz se escuchó desafiando el silencio, cagándose en todo:

– Hace mucho que he querido decir que qué huevos ser el chitestrr de la tribu y que me alegra no ser yo.

-Pues yo creo que es un trabajo importante que todos debemos valorar-. Dijo una voz de mujer.

-Pues yo creo que no- repitió la primera persona.

-Yo estoy de acuerdo, meterse objetos a la boca indiscriminadamente no es un talento. Por ejemplo, ahorita tengo algo jugándome los labios que podría ser, ya sea un dedo del pie, un pezón excepcional o un hongo todavía no clasificado, y sea lo que sea, estoy dispuesto a introducirlo en mi boca porque qué pisados ¡No sabemos todavía qué es un germen! La onda es que cualquier mula puede ser un chitestrr. ¡Adiós…nom nom nom nom!.

-Muchá, de verdad, no sean mala onda con el chitestrr, si no fuera por él no sabríamos que la Nutella definitivamente no es popó- dijo otro chavo llamando a ponerse la mano en la conciencia.

A lo que respondió una dama -yo no tengo clavos con la labor del chitestrr. Pero él como persona me cae re mal. Esa su mulada de que usa calzoncillo de piel de serpiente en lugar del ya tradicional calzoncillo de toro, es señal de que se cree muy deahuevo. Además, no sé si se dieron cuenta, pero su leche de varón no hizo gritar nada al mono y más bien le pareció refrescante. Como una florecita recibiendo su rocío. Eso es porque su leche de varón es tan blanda que si la vendieran en los supermercados, que es algo que presiento va a existir en el futuro, la caja tendría a una chava haciendo yoga.

-¡Jajaja, El Descremado hay que decirle ahora jajaja!- gritó una voz ronca al fondo, de una manera bien cholera.

A esta nueva forma de conversar, los Murukkuakk le llamaron “Shekkret”.

Por momentos pensé en detener el bullying arcaico que ocurría dentro de aquella cueva, pero soy un hombre de principios y creía firmemente en seguir la Primera Directiva. Lo único que pude hacer fue taparme los oídos e intentar bloquear lo que escuchaba. Tras varios minutos el bullying se detuvo y únicamente quedó un mísero sollozo.

A la mañana siguiente todo había cambiado, el sollozo había dado paso a la rabia. Estarán pensando que Mmo-Mmo estaba emputado exclusivamente con la mara que lo había pelado, pero los Murukkuakk aún no sabían relacionar rostros con voces si las dos cosas no estaban juntas. Así que para Mmo-Mmo todos éramos culpables, para Mmo-Mmo todos habíamos ofendido a Mmo-Mmo.

Ese día caminamos hasta llegar a una parte de la costa que no conocíamos, y allí fuimos absorbidos por la visión de cuarenta, nunca antes vistas, cubomedusas de distintos colores agonizando sobre la playa. Era tan engasado que si le hubiera tomado foto, ahorita sería más viral que un video de gatos bailando el Gagnam Style hasta formar la cara de Emma Watson con sus colas.

Los Murukkuakk recogieron todas las cubomedusas y volvimos a casa con ellas. Lo siguiente fue observar al chitestrr en acción. El proceso era que el chitestrr se hartaba cualquier mierda nueva que encontráramos, sin importar su apariencia (puta, me dieron ganas de Taco Bell) y posteriormente ingresaba a una jaula hecha de palos dentro de la que permanecía bajo estricta observación. Los expertos en seguridad alimentaria anotaban cosas como “P: ¿Mmo-Mmo perdió el cabello? R: No. ¿Mmo-Mmo desarrolló senos de hembra? R: No. ¿Mmo-Mmo ahora comparte su cuerpo con el de un robusto potro? R: No”. Si el chitestrr no presentaba ninguno de estos rasgos, entonces el nuevo material se agregaba al listado de cosas hartables.

Mmo-Mmo era un mártir. Pero Mmo-Mmo ahora tenía fuego en su mirada.

Probablemente se imaginan cómo termina esta historia, pero de todos modos voy a contarles: termina con el sol de la mañana tostando los cadáveres, hinchados y de un tinte violeta, de los Murukkuakk, chisgueteados sobre el valle mientras la fogata suelta sus últimas humaredas. Apenas tres o cuatro horas antes, aquellos hombres se habían regocijado en un delirante banquete de cubomedusas.

Sentados en una inmensa roca observábamos la macabra escena los dos únicos sobrevivientes: yo (que, mi huevo, si iba a hartar cubomedusas) y Mmo-Mmo. O mejor dicho, el fantasma de Mmo-Mmo.

– Mmo-Mmo, contestame, Mmo-Mmo ¿Verdad que sabías que te ibas a morir, que TODOS se iban a morir, Mmo-Mmo?

– Sí, extranjero, al segundo día comencé a sentir horrendos espasmos acompañados de una quemazón interior. Pero lo peor eran las alucinaciones que me perseguían día y noche, visiones en las que era penetrado en cada uno de mis orificios por los tentáculos de las cubomedusas.

– Pero no dijiste nada, Mmo-Mmo. ¡¿Por qué no dijiste nada, Mmo-Mmo?! Ahí sí come mierda…o sea, me refiero a…no como en tu profesión sino metafóricamente…

– Al principio pensé en decirlo, en hacer lo que todo buen chitestrr debe hacer, en honrar el oficio de un chitestrr. Pero después me dije: que se chinguen esos malagradecidos, todo lo feo que dijeron de mí. Y de pronto comenzaron las voces, “Nooooo, hoooonraaa el legado de los chitestrr”, me decían los espíritus de cada chitestrr que ha vivido, e inmediatamente sus plegarias eran ahogadas por un vergaso de tentáculos y las voces guturales de las cubomedusas que me ordenaban soportar, aguantar, fingir que estaba bien; me prometían que si no decía nada no me dejarían morir pero acabarían con cada uno de esos culeros.

“Ellos te desprecian, hablan de vos, no los perdonéeeees. Solo las CUBOMEDUSAS son tus amigas, salve el Reino de las CUBOMEDUSAS…a ellos no los salveeeees. Ellooooos tienen su Secret…nosotros tendremos el nuestro ¡¡¡¡¡HAHAHAHAHAHAHAHAHAHA!!!!!”.

Y les creí. Dejé morir a los Murukkuakk ¡Aaaaarrgghh!

No tengo idea de cuántos días pasé sobre aquella piedra, tendido, deshidratado y sin comer. Cuando por fin abrí los ojos el fantasma de Mmo-Mmo se había esfumado y sobre el valle pude divisar a una jauría de perros que mordían los restos de los Murukkuakk.

Una mano adulta se posó sobre mi hombro y una voz varonil me dijo -¿vos sos al que llaman El Viajero del Tiempo?. Le respondí que sí. -Decinos qué pasó con los Murukkuakk ¿Quién acabó con ellos? ¿Fueron los lobos, los gigantes de las montañas o los Fisi-kkinex, varones tan hermosos que asesinan haciendo que tu columna vertebral se disloque cuando tus caderas se desplazan hacia sus regazos como una función biológica que no podés evitar?.

– Puta, sin paja, ¿existen los Fisi-kkinex o no existen los Fisi-kkinex?

– ¡Existen…y son bellos! Ellos inventaron los orgasmos no planificados y el avergonzarte de tu cuerpo. Pero basta de los Fisi-kkinex ¡Rápido, enterremos lo que queda de los Murukkuakk! ¡Mandaremos a traer a las señoritas más vastas de nuestra tribu para que aparezcan en chiquito adentro de ellas!

– Muchá, no es así como funciona la mue…olvídenlo. Lo que necesitan saber y no olvidar jamás es que a los Murukkuakk no los mataron las bestias, ni los gigantes ni la innegable sensualidad de los Fisi-kkinex. Se mataron ellos mismos…se mataron con el Secreto.

Tras agradecer a mis rescatadores decidí liberar al mono cautivo y volver al presente.

EPÍLOGO:

Fue un alivio volver a tener internet. Me llega el internet. Una de las cosas chileras de él es que podés hablar y discutir de algo sin que tu fuckin persona condicione la forma en que toman en cuenta tu opinión. Anonimato, le llaman. El anonimato es principalmente útil si vivís bajo un régimen autoritario y querés denunciar las cosas terribles que pasan, o si sos Bansky o este excelente crítico de cine y lo hacés por razones artísticas. Pero también sirve por motivos más light, por ejemplo, si la doñita que lleva los almuerzos a la ofi de pronto me dice que siempre he estado equivocado y que el batimóvil de la primer lica de Tim Burton no es el más rex, sino que el de las licas de Nolan, por razones, mis prejuicios inevitablemente se encenderían y no le daría a su opinión la importancia que merece. En cambio, si me la encuentro en un foro de internet bajo el nombre de usuario @IamVengeanceIamNight voy a leer lo que me tiene que decir y a tomarlo en cuenta hasta la mierda. Porque no me importa quién es, su edad, género o a qué se dedica…o sea, no es quién eres por debajo, es lo que opinás del batimóvil lo que te define.

Mi vergeo con Secret no es por el anonimato. Es porque toma la intimidad de Facebook, que es una red, en teoría, de cuates (de incluir ondas semi personales, fotos de tu vida, etc.) y te quita la obligación de ser un cerote decente con ellos, de tener que hacerte responsable de lo que decís sobre la mara. Te hace que te olvidés que del otro lado del internet siempre hay una persona. Eso es fuckin terrible.

Ahora, pasando a otra cosa, tengo un mono amable, considerado y que tiene un cutis que ha cuidado con los tratamientos de Jenna Jameson. Si alguien está interesado en adoptarlo, contácteme dándole like a mi página de Facebook y siguiéndome en Twitter. :)

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5 pensamientos en “LA VENGANZA DEL CHITESTRR (UN CUENTO MORALISTA SOBRE SECRET)

  1. Hhahahaha xDDDDD, no sabría como describir el modo en el que escribís muladas, diría que es hasta algo cholero, pero que pizados me cago de la risa una y otra vez leyendo lo que escribís allí. La mera verdad no me he topado con el secret ese, pero seguro algún cerote me habrá pelado allí, porque así como decís vos todos se vuelven unos mierda cuando son anónimos.
    Pero así ya hablando de cosas serias, ese mono seguro seguro dejo crías en el pasado lo digo porque escuche de uno con tendencias extrañas en una de esas anécdotas que pasan de boca en boca entre los cuates, me da pereza escribirla asi que te dejo un link donde podes darte una idea de lo que te estoy hablando.

    http://www.chistes.cl/index.php?verchiste=18856

    Saludos.

    Le gusta a 1 persona

    • Jajaja, ese chiste está deahuevo. La mara no debería de ser tan mierda con los monos, eso sí. Pues, no sé, yo tampoco sabría describir mi modo de escribir, es una fina búsqueda exhaustiva por las palabras más adecuadas que provoquen una sonrisa en el rostro de mis lectores. Y cuando no la encuentro, simplemente escribo “puta”. ¡Buena onda por checar el blog, mano!

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