MI AMIGO EL CUQUE

sold1Foto: YouTube

 

Mi apreciación por la clase militar guatemalteca nunca fue positiva.

No es que hubiera sufrido en carne propia a manos del Ejército — pues, tomando en cuenta los horrendos eventos históricos, tener que ver los videos de Canal 5 es, por supuesto, un acto de tortura pero de tipo leve.

Lo que pasa es que mi papá, estudiante sancarlista durante los ochentas, me contó suficientes cosas sobre desapariciones de alumnos y de la vez en que, estando de goma, en yinas y de madrugada, sacó el carro del garage cabalito cuando venían dos «cuques» a quienes cachito y se pasa llevando. Dice que uno de los soldiers le mostró el arma y le aseguró «aquí te quedás, mijo», pero luego el otro lo detuvo recomendándole «dejemos al chavo, acordate que hay más cosas importantes que hacer».

Así que crecí con la idea de que «con los cuques mejor ni meterse. Peor con esos guardianes de garita que vienen de  Jutiapa». Claro, me gustaban los G.I.Joes pero más que todo por sus trajes hilarantes y porque traían accesorios como arpones, lanzallamas, animales salvajes, skis, bazucas, una bolsa de clavos de dos y medio y unas cuatro libras de waipe para armar los pupitres que encargo don Jimmy.

Sin embargo, una vez conocí a un soldado y nos hicimos cuates. Se llamaba Edgar (nombre ficticio), tenía mi edad (unos veintiséis) y no solo era «un cuque» sino también había estudiado ingeniería en sistemas. Chambeábamos juntos en una oficina pequeña desarrollando y manteniendo un sitio web. Yo hacía el diseño gráfico, él programaba. Era un chance demasiado aburrido que en lo personal odiaba.

Mi cuate nunca me dijo si también odiaba el chance. Hablaba bien poco y casi siempre de temas ligeros: «Ahorita metimos equipo a la liga de Bárcenas, vos. Ya el sábado nos toca partido. Já, allá se ponen buenas las chamuscas. Hay nivel», «Vos, ¿será que todavía conseguimos tortillas con la doña de allá abajo?», «¿Ya le echaste color a la chava de la oficina de acá a la par? Qué ojitos los que tiene, ay vas a ver», «—», «Qué desgracia que no conseguimos tortillas, y hoy que traía una mi milanesa con puré», «¡Vivo que ay viene la chava de a la par!», «—», «¿Y deay? No que muy azote pues».

En cierto modo éramos polos opuestos. Yo no soy ningún hippie pero llegaba al chance en jeans y tenis, mientras que él se vestía como los señores que venden anillos de graduación. Su aura era de absoluta serenidad y emanaba el estoicismo de un samurái de Kurosawa.

Debido a que odiaba el trabajo, fantaseé muchas veces con que a la oficina la atacaran unos alienígenas dementes y detuvieran finalmente todo el dolor. En ese escenario, Edgar siempre lograba protegernos — de hecho, supongo que fantasear con alienígenas dementes fue el origen del primer ejército: un cavernícola empachado de mamut se despertó vociferando muladas, que había tenido visiones de criaturas feas cayendo del cielo para taleguearlos y/o asesinarlos a todos, y que la única salvación era que los bebés que nacieran en las próximas cien lunas fueran preparados, desde tierna edad, en el arte de unir las piedras con el rostro del invasor correspondiente.

La onda es que Edgar no era el único de la ofi con vínculos castrenses. Lo supe un mediodía en el que Zuli (nombre ficticio), recepcionista y también madre soltera, almorzaba con nosotros. Nos contaba que aún no se decidía a qué colegio meter a su nene y yo le sugerí algunos centros educativos, a lo que ella comentó «es que mi papá quiere que lo meta al Hall y a mí me gustaría para que vaya agarrando disciplina». «ah eso sí te inculcan: mucha disciplina, obediencia, trabajo en equipo» le aseguró Edgar.

Le hice saber a Zuli que su güiro bien podía adquirir buenos hábitos practicando cualquier otra actividad y que si lo que buscaba era una enseñanza profunda sobre disciplina, honor y perseverancia, existían seis películas de Rocky al alcance de todos. Zuli no estuvo de acuerdo.

Edgar le advirtió que lo del Hall «Es duro vos. Si yo les contara cuántas veces me golpearon a trompazo limpio. Por ejemplo, con esta pierna [señalándose la pierna izquierda] no puedo hacer mucho esfuerzo. Fue por una vez que me presenté tarde y entonces me agarraron entre todos pero un cuate sí se peló y me socó en la mera rodilla con la culata».

«Eso le digo a mi papá porque, quiera que no, me da lástima que vayan a lastimarme al nene», dijo Zuli. Yo dije «Cierto», impulsando mi agenda pro-existencia de la disciplina en el ámbito civil, de la cual soy pésimo ejemplo, como lo prueba el que me inscribí a un diplomado en redacción con coherencia y contexto y seño Mayra me pidió de favor que le pusiera el agua aunque sea una media hora porque le urge lavar ropa de cama que hoy viene un su hijo de los Estados, gracias Bernabé, dios se lo pague oye.

Zuli se puso a hablarnos de su padre: «Lo que pasa es que para mi papá eso de que a uno lo golpeen para disciplinarlo es normal. Imagínense que fue kaibil durante el conflicto armado. Ay dios, él me ha contado unas cosas que yo solo le digo “vos papá, de verdá que te vas a ir directito al infierno”, y mejor nos reímos».

La verdad es que ni Edgar ni yo quisimos preguntarle cuáles habían sido las cosas que su papá, el kaibil retirado, había llevado a cabo durante la guerra. Porque hay mierdas que mejor ni saber. Por ejemplo, entre el año que se graduó del Liceo Canadiense y el año que entró a Económicas en la USAC, mi papá se otorgó un año sabático de vuelta a su pueblo y, cuando le preguntamos con mi hermana a qué se dedicó ese año, solo nos respondió «a chupar». ¿Deseo saber con exactitud qué putas hizo mi papá esos 365 días? Nel. Porque no sé si chupó por lapsos espaciados o si todo el año fue una sola verguera. Además, y si hizo más cosas gachas como decepcionar a su patria dirigiendo un circuito de peleas de quetzales, el ave símbolo, o haciéndole el amor constantemente a David Faitelson como un verdadero traidor.

Por eso, preferí levantarme a remover los residuos de coditos de mi Tupperware haciendo uso de mis finas manos civiles.

Dado mi odio hacia ese trabajo, lo abandoné un mes después. Así que nunca supe si el hijo de Zuli alcanzó la disciplina a través de la Escuela Politécnica, de la sabiduría de Rocky Balboa o si había decidido abandonarlo en un barranco para que la aprendiera por sí mismo.

Con Edgar nos comunicamos como al año. Fue para el primer juicio a Ríos Montt y José Rodríguez. Me llegó un mensaje suyo en Facebook que decía: «Hola, acabo de firmar esta petición de Amnistía para el General Ríos Montt. ¿Te unes?». Pude haberlo ignorado, pero en cambio le respondí que nel, que no iba a firmarla, seguido de un argumento más o menos elocuente con palabras como «Justicia», «Derecho» y «Esperanza». Luego me quedé esperando el comienzo de una discusión socio-política de altura, pero Edgar solo puso «Vos esa cosa se fue a todos los contactos. Jajajaja qué cagada de aplicación. Mil disculpas».

Algunos meses después, Edgar le dio like a un meme que compartí sobre los hoyos de la Roosevelt porque era chistoso.

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4 pensamientos en “MI AMIGO EL CUQUE

  1. En teoría es fácil pensar que uno sabe lo que defiende y desprecia de las personas, cuando eso no esta claro porque en nuestra cotidianidad se nos revuelve todo, nos damos cuenta que señalar o acusar por bulto es otro error, generalizar es un error. (mas si lo haces por el “General”…jajajajaaaa….brrr, pues no.)

    Buena entrada ;)

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  2. Yo si le tengo respeto a NUESTROS chicos de la soldadera, los “cukitos”. Pensá que podrían ser tu hermano menor, tu mejor amigo, tu sobrino o hasta tu hijo (en unos años), que ganan menos de Q.6 000.00, les dan una comida bien k-k, uniformes viejos y armas obsoletas, se matan de sol a sol ayudando a la población. Pero Kaibiles y Oficiales… Nel chavo, esos son un pedo bien grueso, esos son los chafas más malos, no es casualidad que un chingo de ellos sean NARCOS, criminales, extorsinistas, violadores y genocidas. Los Kaibiles estuvieron involucrados con los zetas y la plana mayor de la pandilla podrida (pp) o de la “juntita” de “moralejas” SON unos criminelaes.

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    • Sí, es un cacho difícil hablar del ejército de Guate, por lo que decís.

      No solo porque casi siempre los “cuquitos” vienen de situaciones de la gran puta, sino porque además entrenando se los lleva la gran puta.

      Luego que, cuando se trata de hablar de los crímenes y el genocidio, sale mara simpatizante postiando memes de soldados haciéndole huevos a las poblaciones en derrumbes o inundaciones. Porque no es que sea paja (que esa sea en realidá su función o algo que deberían hacer, no sé, los bomberos, es otra onda).

      Pero no nos podemos olvidar de que es una institución que aún debe dar la cara por todas las mierdas que hicieron hace no muchos años.

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