POR QUÉ COMBATE ES MI PROGRAMA FAVORITO

combateCombate es un programa terrible. La música es bien pura mierda, los concursantes arman vergeos por muladas y reírse de los chistes de los conductores es algo tan anti natural que requiere el uso de los mismos músculos que para digerir aluminio.

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Pero, déjenme contarles por qué es mi programa favorito…

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Todo comenzó un viernes durante mi primer año de U. En la clase había una chava que era una modelo very gorgeous que llegaba con ropa de gym todos los días. No le hablábamos pero ese día mi cuate y yo quedamos sentados justo frente a ella. Tampoco  le platicamos durante el período de clase, pero cuando el lic dijo que nos podíamos ir pero que antes pasáramos por nuestra fotocopia de la tarea, mi mirada se cruzó con la de ella y me dijo, con un encanto de la gran puta: niño, ¿me traes mi fotocopia?

Probablemente porque soy un pisado amable, o porque pensé que ella tenía cosas más nobles que hacer que ir a traer una fotocopia, cosas de bonitos, como ir a un laboratorio a que científicos utilicen sus pedos para comunicarse con hadas, o subir a la cima del Pacaya para ondear sus chiches al firmamento y provocar que salga el sol como cada mañana. La cosa es que fui.

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Mi cuate me hizo una mirada que me provocó vergüenza y yo le devolví una mirada de: puta, de repente sale algo, papá…que, a huevos, ni yo la creía. El lic me dijo que solo una fotocopia podía darme y tuve que decirle a mi cuate que me prestara la suya, no sin antes pedirle perdón, consciente que solo había traído deshonra a él y a nuestras familias. Cuando salí solo estaban las cuatas de la modelo y me dijeron que buena onda, que ellas se la daban a “Ceci” cuando regresara de hablar por teléfono. A pesar de que nos vimos innumerables veces más y de que varias de ellas le dirigí la tradicional medio sonrisa -que no es una sonrisa completa y directa, sino un amague, lo suficientemente visible para que el objetivo la vea pero lo suficientemente sutil como para no quedar como un completo idiota con una sonrisa no correspondida en el rostro- Ceci nunca volvió a saludarme.

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Ceci no sale en Combate pero hay algo de ella en cada participante y eso me hace feliz. No voy a decir que porque Ceci se aprovechó de mi y jugó con mis ilusiones toda la gente bonita es mala onda, eso sería generalizar y no me llega. Por ejemplo, de chavito un hombre pobre me hueveó un reloj amenazándome con un talegaso con una botella, y no por eso pienso que todos los pobres son cacos o disfruté viendo el desalojo de Linda Vista -de hecho, creo que fue una gran cholerada y algo extremadamente triste que no debiéramos hacer como país…que viva gente en barrancos, para empezar, ¡Fuck!-. Por otro lado, sé que existe mara bonita y deahuevo, como Gisele Bündchen o la persona que vive adentro de mi espejo…me refiero al gordo de barba, no a la mujer con vestido de novia que se aparece cada vez que sostengo un diamante turquesa en una mano y un gato nacido en luna creciente en la otra y repito  “itedlab anaxor” seis veces. A la verga esa pisada.

La onda es que no tengo nada en contra de la gente bonita porque también son personas, y sin ellos no habría revista TV y Novelas Centroamérica cuya impresión evita que hayan demasiados árboles y estos ataquen a nuestros ancianos, pero es deahuevo ver a gente bonita hacer mierdas difíciles y que son estúpidas para triunfar en la vida, igual que todos los demás. Mientras yo estoy hartando Corn Pops.

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A veces, mirando a una de esas mamis atravezar una piscina montando un fuckin delfín inflable o transportándose acostada sobre una patineta con una caja gigante encima, una parte de mi murmura: ¡vamos Ceci, andá por tu fotocopia, sin tu fotocopia no vas a poder hacer la tarea y nadie va a ir por la fotocopia no importa lo bonita que seás o tu ropa de gym! ¡Eso, Ceci, ya casi tenés tu fotocopia!…¡Aaaaay, Ceci! ¿botaste tu fotocopia? ¡Quéeeeee peeeeena…HAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA!

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CÓMO MANIPULAR TUS FOTOS PARA QUE NADIE CREA QUE SOS MARERO

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Encontré esta foto vieja entre mis álbumes de facebook, originalmente de unos cuates y yo en un bar. Pero me puse a pensar que no era bueno que la conservara…al menos no así como estaba. Miren, yo espero que nadie me dispare en la cara un día de estos, pero si eso ocurre no me gustaría que una foto de mis amigos y yo en un bar le sirviera a Otto Pérez, a sus investigadores y a los medios para deducir y sugerir a la opinión pública que yo llevaba una vida de perversas degradaciones probablemente ligadas al crimen organizado. Porque yo sé que ese tipo de revelaciones provocarían que el espectador común se inclinase a pensar que, de alguna forma, “me lo busqué”.

Para evitarlo, hábilmente conseguí modificar la foto para evitar confusiones. Decidí reemplazar los vasos en los que bebíamos alcohol por adorables perros callejeros, dando la sensación de que pasé esa noche rescatando animales shucos.

Aunque evidentemente es un trabajo pulcro de manipulación fotográfica, no estaba del todo conforme con el aspecto original de mi amigo a la derecha, me consta que es una buena persona pero consideré que llevaba un corte de pelo demasiado intrépido, además de que tiene un tío que vive en el Paraíso II y la verdad es que sí tiene nariz del tipo que tiene un tío que vive en el Paraíso II. Pues, esos detalles pueden dar lugar a que se hagan averiguaciones y con ello atar cabos. Así que preferí irme por la segura y cambiarle el rostro completamente por el de Tuti Furlán, ¡nadie va a pensar mal de un tipo que invierte sus noches de sábado rescatando chuchos con tres piernas, al lado de Tuti Furlán! Porque es una persona de confianza que siempre dice cosas bonitas y optimistas y que apuesto a que tiene cero tíos que viven en el Paraíso II.

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“BONITA. CANCHITA. OJOS AZULES”.

FEA

El siguiente texto está basado en una historia real…

“Yo le diría a una cuata; estudió arquitectura y anda buscando chance, pero ¡ya vas!, Caquerandra (este es un nombre ficticio que estoy utilizando para proteger la identidad de mi entonces jefa…aclaro, es ficticio) no va a querer contratarla”, me dijo, mirando mi desesperación, la compañera a quien por aquella tarde habían transferido de otra sucursal para auxiliarme con la clientela -“¿Por qué? ¿qué tiene? ¿un dieciocho tatuado en la cara?”  -“Nel vos, lo que pasa es que es fea, pero así ¡fea…y gorda!…además es bien morena. Te lo juro…a Caquerandra no le va a gustar”.

Yo no le creí, imaginaba que Caquerandra sería incapaz de tomar en cuenta la supuesta “fealdad” de esa chava para no contratarla. Tal vez porque yo era un tipo ingenuo que, en cierto modo, consideraba que los empresarios exitosos siempre lo eran porque habían sido bien gamonales con todos y vivían en un estado de retribución divina, o tal vez porque, hasta entonces, no tenía razón para creer que no contratarían a alguien por “feo”. Es decir, me habían contratado a mí, y lo más cercano que yo he estado en mi vida de ser modelo fue cuando salí de Magneto (no del fenomenal villano de los X-Men, sino del nada fenomenal grupo pop mexicano) en una velada artística del colegio, y claro, las damas nos aplaudieron y nos gritaron “¡mangos!” pero solo porque éramos adorables, como un chimpancé vestido de Elvis.

La onda es que una tarde llegué a encontrar a una guapa chava rubia detrás del mostrador. Al principio pensé que era una de nuestras clientas, una de esas mamás jóvenes que andan en camionetas Volvo, que pasaban a vitrinear después de pilates y que articulaban frases como “ay, vos, el baby de la Clau estuvo requete. Al final decidimos hacerle un brunch y como aquella es re-foodie todo fue gourmet”. Sin embargo, resultó que de hecho era la nueva vendedora de la jornada de la tarde.

Sé que si la vida fuera una telenovela “la nueva” habría sido una tramposa hija de puta interpretada por Joanna Benedek, habría obtenido el chance y a un soberbio especimen masculino que además es el dueño de la corporación y contesta las llamadas en inglés. Por otro lado, La Gorda Fea no tendría nada más que a un abuelo muriéndose y una medallita de la Virgen Morena. Por supuesto, al final la canchona lo perdería todo, por culera, el varonazo se iría con la gorda fea…que en realidad no era una gorda fea sino Lucero mal maquillada y con un chingo de almohadas debajo de la ropa, ya que todo era un plan para probarle al varonazo que el amor verdadero no sabe de apariencias, y a las gordas feas que miraban la telenovela que en realidad no es como ellas, que están solas y que fuck you.

Pero en la vida real la canchona era buena onda y una trabajadora funcional. De hecho, mercadológicamente, tenía un plus que pude ir percibiendo con el pasar de los días: cierta naturalidad y horizontalidad con la que varias de nuestras clientas se comunicaban con ella, como si al mirarla percibían a esa amiga de su hija que se llevan al chalet de Ati para Semana Santa, en lugar de a una de esas mucas de las áreas marginales que seguramente tienen algún pariente enchachado.

A mí me parecía tuanis. No es que haya una ley, material o moral, que te prohiba contratar a una persona bonita o rubia. Son tan guatemaltecos como cualquiera.

La parte chueca la descubrí un domingo en el que me pusieron a depurar las hojas de vida que nos habían enviado los aspirantes al puesto. Me puse a shutear y encontré el currículum de “la nueva” y me di cuenta de que su experiencia laboral era más modesta que la de varios otros aplicantes. Sin embargo, hallé la explicación a su elección en la anotación de Caquerandra: “EXCELENTE PRESENTACIÓN. BONITA: CANCHITA OJOS AZULES”.

Me quedé helado. Esa mierda es tan horrible en varios niveles que ni siquiera sé cómo empezar. Okei, lo primero lo entiendo, lo de “EXCELENTE PRESENTACIÓN”; por ejemplo, cuando yo llegué a la entrevista, procuré no llevar puesta mi playera con un estampado de un condón roto fumando crack. El problema es, no solo tomar en cuenta la supuesta belleza como un factor decisivo para la contratación, sino además relacionar esa belleza con unos rasgos étnicos específicos. Lo peor es que es la misma lógica estúpida en muchos anuncios publicitarios. Es decir, las personas en los anuncios pueden ser canches o bonitos, o canches y bonitos. Hay guatemaltecos así. Pero el porcentaje de gente bonita y rubia, en las vallas o en los anuncios, es tan hasta la mierda que la región de Guatemala va a ser un dilema para los alienígenas que intenten rastrear las migraciones humanas una vez nos hayamos extinto. Como no van a tener nada más que un chingo de vallas publicitarias, van a suponer que, o este era un asentamiento de descendientes vikingos, o una de las razones de la extinción de los guatemaltecos fue una epidemia que tenía como efecto secundario una intensa pérdida de melanina. Es sumamente deprimente, rodearnos por enormes anuncios aspiracionales con gente que en la mayoría de casos no se ve físicamente como nosotros, clasifica como abuso, es como instalar diez mil espejos de la bruja de Blancanieves en tu casa, cada uno con la personalidad de Moe de los Tres Chiflados.

Yo sé que la respuesta a esas prácticas es racismo y el que, aún cinco siglos después, la cara de mucha mara sigue estando ideológicamente tan en lo profundo del culo de Europa que es necesario equipos mineros para comunicarse con ellos.

No sé qué tan a menudo suceda algo como la decisión de Caquerandra en nuestra sociedad y probablemente alguien salga con eso de que “es su negocio y puede contratar a quien putas quiera”…yo no estoy de acuerdo. Es obligación de todos acabar con el racismo, especialmente si manejás una empresa y tus decisiones tienen un impacto laboral y económico. No está deahuevo utilizar un pensamiento racista para generar desigualdad competitiva en función de una estrategia de marketing. Cuando de güiro me explicaron el capitalismo, me dijeron que entre más mierdas aprendiera tendría más chances de quedarme con un buen empleo. Nadie me mencionó que incrementaría mis aptitudes laborales viajar en el tiempo y decirle a mi ancestro español invasor que deje de coger con indias.

En el momento que leí esa mamada en el currículum no pude evitar pensar en la Gorda Fea, quien jamás llegó porque su cuata, sabiamente, prefirió ahorrarle lo del pasaje y que la vieran gacho. ¿Qué tal si hubiera llevado puesto el Phillip Bloch de $20,000 que Halle Berry llevó a los óscares del 2003? ¿Será que con eso sí se ganaba una “EXCELENTE PRESENTACIÓN” o estaba condenada desde el momento en que decidió ser gorda y fea? ¿Qué más habría podido hacer?, ¿guardar en cloroformo la cabeza de Marilyn Monroe y hacerse una máscara con su rostro y una peluca con su pelo?…porque yo ví una lica en la que alguien practicaba algo así y, créanme, no solo la solución es MUCHO PEOR que el problema sino que no creo que sea el tipo de empleados que querés para tu empresa.

Excepto si tu empresa es un castillo medieval en las montañas húngaras que presta el servicio de cacería recreativa de seres humanos.

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EL PRIMER CANCHINFLÍN DE LA TEMPORADA

LA LLEGADA DEL CANCHINLIN HERO (DIG)
Yo sé que he escrito otros posts…pero este es como la inauguración oficial de esta página. Quisiera decir “bienvenidos”, pero inaugurar un blog de comedia con el nombre de ese programa venezolano es como inaugurar una guardería de niños con la palabra “eventualidades” o un Parque Jurásico con la palabra “¡¡¡¡AAAAAAAAAAAHHHHHH!!!!”. Así que solo voy a comenzar por intentar explicar el nombre. Supongo que alguna vez vieron esos especiales navideños en donde un güiro ingenuo, soñador y hecho de plasticina veía caer desde su ventana el primer copo de nieve de la temporada, y luego corría a anunciar que había llegado la navidad con el mismo júbilo con el que las Barbies celebraron el nacimiento del primer Ken con pene –ocurrió en 1987, debido a una falla en el proceso de ensamblaje su zona pélvica se fusionó con el misil de un G.I.JOE. Habría vivido una vida plena en legendarias y opulentas odiseas sexuales si, debido a la misma falla industrial, su cabeza no hubiera sido sustituida por la carrocería de un camión Tonka y su mano izquierda por una mosca en permanente agonía-.

Como alguien que creció en un barrio de Mixco en las periferias de la Ciudad de Guatemala, mi infancia no supo lo que era un primer copo de nieve de la temporada, debo aclarar para las audiencias modernas que esto ocurrió mucho antes de que Álvaro Arzú volara –y no me refiero a tomar un avión- hasta la Antártida, arrancara con sus manos desnudas un colosal fragmento del terreno y finalmente instalara en plena plaza central una pista de hielo para que los niños guatemaltecos sintieran que estaban en Suecia…solo que sin el bienestar social, el desarrollo humano o el Zlatan Ibrahimovic que nos podría llevar a un Mundial. Por supuesto posteriormente Dios le declararía guerra ideológica a nuestro alcalde y haría que nevara sobre San Marcos, en un esfuerzo por demostrar quién era más rex en términos de desafiar a la naturaleza.

Pero al igual que ese güiro ingenuo, soñador y hecho de plasticina yo también veía a través de la ventana, sin embargo a diferencia de ese cerote yo esperaba por la caída del primer canchinflín: el que anunciaría la llegada de la temporada navideña. ¡Yeeeeeeiiiii! era mágico, el shhhhhhhhhhiiiiiiiiiiuuuuuuuuuuuuu solitario que se iba apagando en algún lugar del horizonte; tan melancólico, tan infalible, tan profético de las chamuscas sin responsabilidades, de los tamales, de las idas a Meta Mercado a comprar tarjetas de superhéroes, de ir a ver si conectábamos chavas en otras cuadras, de no conectar chavas en otras cuadras. Había algo fascinante en los canchinflines, quizás el que el lanzarlos te hacía sentir intrépido, o el que si encendías uno sobre una plataforma su trayectoria era imposible de pronosticar, lo cual mi huevo si no era poético. O tal vez el encanto de un canchinflín radicaba en que era irresponsablemente peligroso y su uso podía terminar en tragedia de una surtida variedad de maneras.

No quiero empezar a sonar como esa mara que comparte textos nostálgicos en Facebook sobre cómo su generación que tomaba agua del chorro y jugaba trompo en lugar de Playstation era más feliz. Mamadas. Debió haber sido entretenido durante algún tiempo, pero los videojuegos le hicieron al trompo lo que los súper poderes le hicieron a la gimnasia en términos de perseguir al crimen o lo que el alcoholismo unisex le hizo a regalar hierberas en términos de conseguir sexo. Por supuesto, no niego que regalarle a un niño un trompo por su cumpleaños estimula su imaginación, pues inmediatamente él va a imaginar mundos fantásticos en los que sus papás no son unos garras.

Lo que sí es cierto es que hay algunas cosas que eran mejores en mis tiempos, como los canchinflines, digo, ahora están esas marcas chinas y gringas para elegir juegos pirotécnicos pero se sienten demasiado caqueros, demasiado huérfanos de caciques y toros emputados en sus empaques…y sobre todo demasiado confiables. Pues, lo sorpresivo y espontáneo es adorable, como el no saber si tu canchinflín va a lograrse o te va a reventar en la mano. Me gusta, por lo mismo que me gustan algunos comedores chinos donde podés pedir tu chow-mein mixto o MÁS MIXTO, la diferencia es que mientras el mixto te incluye pollo, lomito, marrano, camarón y a veces gato, el MÁS MIXTO te incluye especies random que se creían extintas, un expediente de vigilancia por parte de PETA y, dependiendo de tu metabolismo, licantropía temporal. ¡Eso es ser audaz!

Esta generación pretende controlarlo todo y hacerlo predecible. Han acabado con la rabia humana, pero con ello también con la mejor versión de jugar a la tenta. Hay que devolverle a este mundo el impulso y la espontaneidad, de vez en cuando cerrá el menú del restorán y grítale al mesero ¡sorprendeme, hijo de puta!, luego añadí ¡y no me refiero a la comida!, acto seguido entregale una espada y luchen a muerte. Luego besalo en la boca.

Déjenme compartirles la siguiente historia a manera de ilustrar la espiral de pussiness por la que, como sociedad, hemos descendido. Algunos amigos y yo fuimos a almorzar a Pollo Campero, cuando nos disponíamos a entrar una hostess se apuró a abrirnos la puerta de vidrio, sonrió, nos dio la bienvenida y nos sugirió una mesa. Como el lugar estaba lleno y el pollo se tardó en llegar, la amable mesera e incluso el gerente, se acercaron varias veces a pedirnos disculpas por el inconveniente, condescendiéndose con nosotros regalándonos papas, refills de refrescante té frío y helados, para compensar. ¿Qué putas?, ¡el lugar se llama Pollo Campero!, como en “dícese de una mierda que es del campo”, no se llama Pollo Cosmopolita o Pollo Saúl. Cuando yo entro a un Pollo Campero espero que la única hostess que me dé la bienvenida sea el olor a estiércol y que cuando me dicen “autoservicio” se refieran a autorizarme cinco minutos en un cuarto oscuro con un talegasal de pollos vivos y el arma medieval de mi elección.

Por suerte mi abuelo nunca vivió para ver esta decadencia porque si él, como solían hacer las poquísimas veces que visitaba la capital para negociar vacas o café, hoy entrara a un Pollo Campero y fuera recibido por una hostess en un ambiente pulcro, con meseras regalándote refills de té frío por la tardanza y gerentes pidiéndote disculpas a cada rato, le diría a mi abuela “Laura, te dije que me llevarás a Pollo Campero, no a un spa”.

La razón por la que me siento autorizado para hablarles de canchinflines es que fui la primera persona en la manzana A del Sector 1 de San José Las Rosas en poner en órbita tres canchinflines a la vez, encendiéndolos uno a uno en mis adolescentes manos y fue como hacer un threesome con el fuego y el peligro. Fue algo importante y por ello se los cuento. Además de incluirlo en mi currículum vitae simultáneamente en formación académica, experiencia laboral, otros estudios, aptitudes, otros cursos y diplomas, proezas pirotécnicas y referencias personales, donde incluyo a La Magnífica Voz del Fuego como mi antiguo empleador con número telefónico SHJKSHJKARDERÁAAAAAAS SHJKSHJKARDERÁAAAAAAS.

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¿POR QUÉ PAGAMOS POR PARQUEO?: ANÁLISIS

ODIO PAGAR POR PARQUEOOdio tener que pagar por parquearme en un restorán, centro comercial, bar, edificio de clínicas médicas o de oficinas. Lo odio. Si alguien me dice que tiene una explicación racional y ética de por qué está bien cobrarle a la mara por parquearse en un lugar a donde van a comprar, acompañada de un balance de costos, probablemente algún contador cínico lo entienda…pero mis diez quetzales y yo nunca lo entenderemos. Para mi billete de a diez el “trrrrrr” que lo arrastra al interior de la máquina de pago es el “trrrrrr” de una locomotora que lleva a Auschwitz. Pagar por haberte parqueado para ir a comprar es el holocausto de los billetes.

Como no soy prejuicioso me negaba rotundamente a creer que la respuesta a tener que pagar por parqueo fuera simplemente “porque los dueños son unos fuckin avariciosos”, así que decidí agotar todos los recursos en búsqueda de otra respuesta. Incluso viajé en el tiempo, a la Prehistoria, porque a veces las respuestas se encuentran yendo a la raíz…así que me propusé estar ahí la primera vez que alguien cobrara un parqueo.

Al principio caminábamos para llegar a los lugares, hasta que una mujer inventó el primer vehículo. Esta mujer se dio cuenta que eso de usar las propias piernas era poco eficiente para movilizarse, así que tras observar a otras bestias más grandes que también se movían ideó que lo mejor sería ir encima de ellas y forzarlas en la dirección deseada. La dama domesticó a un avestruz y, tras un doloroso período de ensayos, pasaba tirando mierda y echando chile en su fucking ave gigante frente a los deprimentes pasantes. Iba desnuda excepto por una diminuta tanga de piel de tigre, sus frutales pechos bronceados brincando tropicalmente conforme recorría la planicie en el primer vehículo del mundo. Por supuesto, también inventó el primer accidente automovilístico…no, no por ser mujer, a huevos, aunque eso es lo que diría mi tío, sino porque ¿han intentado montar una avestruz? es absurdo.

Lo que deben saber de la humanidad es que por cada visionario siempre hay un mierda, por cada invento deahuevo de un visionario siempre el mierda consigue el antídoto al deahuevismo del invento. Supongo que tiene que ver con el balance del Zen, el Tao, la Fuerza o yo qué sé. Si no fuera por los mierdas el planeta explotaría de deahuevismo. Mientras el resto de la mara intentaba domesticar sus propias avestruces o simplemente se regocijaban en el delirio de la jinete semidesnuda galopando en su avestruz como si fuera una escena de Heavy Metal con Van Halen de fondo, al mierda se le ocurrió que comenzaría a cobrarle por dejar su avestruz enfrente de su cueva. La sensual jinete debió hacerle ver que eso era algo estúpido y abusivo de su parte, pues el espacio ya estaba allí y ella simplemente estaba rellenando ese espacio con una avestruz, por lo tanto no le estaba dando nada pues el requisito esencial de una transacción es que a cambio de algo te den algo de vuelta, y no nada.

PARQUEANDO AVESTRUCESFotografía: Danilo Lara.
“Mujer jineteando a una Avestruz” (8,360 antes de Cristo).

Lo que me lleva a los tiempos actuales ¿Por qué nos cobran parqueo? ¿Por seguridad? ¡Pff! Si convierto un enorme espacio de la ciudad en un lugar para vender mis cosas, lo mínimo que puedo hacer es garantizar que las personas van a entrar a mi espacio a comprarme sin que les roben. Pero incluso si lo anterior sucede y te roban digamos una computadora mientras le comprabas a alguien, entonces de todas formas él no te está pagando ni mierda para restituirte por las cosas que no pudo cuidarte mientras estabas ocupado comprándole cosas…¡A pesar de que le pagaste, precisamente para eso!

¿Han visto a los que se suben a las camionetas y enseñan sus operaciones, con todo y los tubos por donde pasan sus fluidos?, las personas no disfrutan ver eso, al menos no los que carecen del humor de Hannibal Lecter o de un emo, si los emos tuvieran sentido del humor. El asunto es que el negocio de las operaciones expuestas en buses sería una mina de oro si tan solo esos pobres miserables recién operados aplicaran el espíritu emprendedor de los centros comerciales y otros establecimientos. En lugar de narrar su desdichada historia e intentar apelar a las emociones de los usuarios del transporte público, deberían simplemente hacer un teatral ingreso e inmediatamente levantarse la camisa, encargándose de que no haya par de retinas libres de presenciar en high definition toda la visceral crudeza de su operación y sus tubos; finalmente, podrían comenzar a cobrar por dejar de mostrar su operación, ¡a huevos que el recién operado tiene derecho a exhibir su operación!, ¡a huevos que es feo desayunar un chile relleno acompañado del espectáculo de varios tubos que pumpean fluidos humanos! Entonces, ¿por qué no cobrarle a la gente por hacerse cargo de su necesidad de no ver su operación -aun cuando pueden simplemente no enseñarla-?

Es lo mismo. Repentinamente a alguien se le ocurrió que el parqueo en un centro comercial era algo que se podía cobrar, -pero, ¿por qué?- ¡Porque podemos! y porque coman mierda. Por eso. De hecho, hace un par de meses fui a El Salvador y es sorprendente cómo no te cobran parqueo, ni siquiera en los malls más pipiris. Fuck, hay menos de cuatro horas de distancia entre ciudades, ¿cómo la estúpida idea de cobrar por parqueo no ha llegado allá? Mi única teoría es que hay cierta proteína en la salsa de las pupusas que en los ricos disminuye el impulso biológico de pisar a las clases menos privilegiadas.

Si consideran que todo lo anterior es de por sí frustrante intenten perder el ticket, yo lo hice tres malditas veces y nunca me he sentido más impotente y basura en mi vida. Luego de enterarme que tendría que pagar cien quetzales por reposición de un papelito, me dirigí al kiosco de “atención al cliente” en donde un chavo bá­sicamente me confirmó que tendría que pagar cien quetzales por reposición de un papelito. Emputado intenté hacerle ver que eso no tenía ningún sentido, ¿reposición de qué pisados? ¿del papelito en sí? no sabía que el papel que usaban venía de la madera de la Cruz del Calvario, ¿no?, ¿entonces, es para reponer el tener que subrayar en el listado de visitantes al cerote que perdió el papelito? porque si es así puedo conseguirle yo mismo el resaltador, ¿preferís amarillo, rosado o resaltar usando mi propia sangre para que sea más ilustrativo?

El chavo de “servicio al cliente” me respondió que él no podía hacer nada, por lo que yo cuestioné que si no podía hacer nada más que reproducir una regla estúpida dictada por personajes invisibles, ¿qué era lo que hacía?, “estoy para explicarles a los clientes” me dijo, pero decir “son órdenes, ahí sí no podría hacer yo nada” es tan convincente como que te expliquen Inception a través de un solo eructo.

Por supuesto, no se puede esperar una factura por una reposición de un ticket de parqueo, es más fácil que el miserable en la camioneta te de una factura contable por el servicio de no enseñarte su operación. Supongo que el poli que revisó mis papeles era un ex agente del Kremlin especializado en operaciones secretas durante la Guerra Fría, quien cobra una fortuna por su sobre calificadísimo trabajo, de otra manera podría pensar que pagar cincuenta quetzales por revisar los papeles del carro es un completo HUEVEO.

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