LOS PEZONES DE SANTA

SANTA

Aquella víspera de Navidad, Santa visitó por primera vez la aldea. Llegó caminando por la ladera, de frente al sol del mediodía.

Todos salimos a recibirlo.

Santa sabía de nuestra enfermedad. Por eso, antes de bajar del trineo, se encapsuló en un overol hermético y una máscara contenedora. Eso sí, permitió que los niños lo abrazáramos de una manera discreta.

Mientras Santa extraía nuestros regalos del costal, fue atacado por uno de los perros del pueblo.

Entre varios muchachos alejaron al animal. Para entonces el daño estaba hecho: los colmillos habían penetrado las ropas de Santa, dejándolo expuesto al patógeno que por siglos nos ha condenado.

Santa permaneció en cuarentena bajo la estricta vigilancia de nuestro mejor curandero. Cada mañana nos reuníamos en la choza para rezar por él y llevarle las ricas viandas que las mujeres le habían preparado.

Fue un día de febrero cuando comprendimos que la tragedia, una vez más, había descendido por la chimenea de nuestras vidas. Santa se había contagiado, y como cada varón de nuestra aldea, presentaba el único pero terrible síntoma de nuestro mal: pezones de dimensiones monstruosas.

A los pocos días medían 50 centímetros. Pasado un mes, los pezones de Santa tenían el tamaño de un tapir bebé. Y siguieron creciendo. Más que los de cualquier hombre local. Crecieron tanto que tuvimos que trabajar en la habilitación de un segundo nivel en la choza, para que los pezones de Santa pudieran desperdigarse con libertad.

Sin embargo, como ocurre con los grandes hombres de la Historia, Santa decidió ver su defecto, no como una abominación, sino como una oportunidad para hacer el bien e inspirar a otros.

Los pezones de Santa llegaron a extenderse tan altos y fuertes como palmeras. Por las tardes los niños trepaban los pezones de Santa y allí jugaban con las aves, disfrutaban el viento en sus rostros y reían. Abajo Santa los observaba complacido, sabiendo que ningún obsequio material que haya dejado frente a un árbol podía compararse con aquella versión tan pura de felicidad.

Antes de que Santa llegara a nuestra aldea, no sabíamos qué hacía crecer nuestros pezones de forma asombrosa. Pero Santa nos mostró la verdad. Nuestros pezones crecen impulsados por la alegría, y nadie ha tenido más alegría que Santa, el bello hombre que vino del Polo Norte para hacer felices a los niños con sus pezones.

LA PEQUEÑA MARATÓN DE PORNOGRAFÍA

 

PORNO

 

La Oferta

Tavo y yo siempre hacíamos amigos en las chamuscas. A veces, estos nuevos cuates llegaban después a la cuadra para vendernos algún objeto, como un CD de tecno, una chumpa o alguna gorra chilera de los Bulls.

Estos objetos eran baratos ya que eran hueviados. Mi mamá lo sabía, por eso me puteó la vez que aparecí con un cassette de Nintendo a cincuenta quetzales y por eso, cuando llegaba algún «fachudo» con unos pelos chisgueteados en la barbilla y preguntando por mí, le decía «viera que él no vive aquí, joven. Se confundió, pase buena tarde». Luego, me hacía saber que no me pagaban colegio caro para que terminara con amigos «mareros» y que, gracias a dios, mi papá tenía su trabajo y podía comprarme mis cositas en centros comerciales como debe ser.

Una tarde un chamusquero llegó a visitarnos. Platicamos un rato, yo siempre controlando que no fuera a pasar mi mamá en el carro. El chamusquero se sacó de la bolsa un aparato, «miren chavos, les conseguí un decodificador para ver porno». «¿De qué porno estamos hablando?», consultó Tavo. «Ah járcor, papá. Todo lo que se imagine, compadre».

El mercader continuó, «agárrelo sin miedo, ese, así lo pulsea». «¿Cuánto?», preguntamos con entusiasmo. «Sesenta varandas, mijos, pero ya yá», expuso en tono asertivo. Le hicimos saber que no contábamos con dicha cifra, así que el varón cerró su venta diciendo «denme cuarenta y cinco para no hacérselas cansada». Juntando lo de los dos, ajustábamos doce. Sin embargo, nuestro proveedor demostró flexibilidad, «va, hagamos una onda: quédenselo un día, pruébenlo y yo paso mañana a esta hora para transear. Igual, yo sé que les va a llegar porque son chimes de categoría, pero si no les cuadra, me lo devuelven y no hay pedo. Me extraña».

Aceptamos y le agradecimos al caballero la oferta.

No sé qué sentía Tavo, pero yo estaba emocionado de contar con un decodificador para mirar pornografía, incluso si tenía que compartirlo. Eran los noventas pre-internet, cuando masturbarse era para un adolescente una experiencia angustiante y un acto más de persistencia que de talento. Por ejemplo, yo calculaba que mis papás se durmieran para encender la tele con el volumen, tan alto como para escuchar, pero tan bajo como para no despertarlos, y así poder nutrir mi libido con lo que los canales 3, 7, 11, 13 y a veces el 5 (que eran los que habían en mi cuarto) hicieran favor de regalarme.

Los adolescentes calientes es una audiencia a la que la televisión nacional siempre le dio la espalda, brindándonos un pobre material masturbatorio. A mí me daban las tres de la mañana intentando capturar imágenes de las piernas de María Celeste Arrarás, las cuales se desvanecían en segundos para ser substituidas por el anuncio de Puerto Barrios, o los reportajes de Primer Impacto sobre gente que nació demente y/o deforme y a quienes sus parientes mantenían enjaulados mientras las personas de la aldea les ponían apodos denigrantes.

A estos impedimentos hay que añadir mi firme creencia en que si me masturbaba mirando a María Celeste, pero en el momento de la eyaculación la cámara enfocaba algún hombre y yo hacía contacto visual con él, me convertiría en homosexual.

 

La maratón de pornografía

Esa misma tarde arrancamos nuestra pequeña maratón de pornografía, aprovechando que los papás de Tavo andaban trabajando. Compramos un galón de jugo Tampico e hicimos sándwiches con paté.

El primer cortometraje se titulaba Vanilla Ice Cream y era sobre una dama blanca teniendo sexo con cuatro hombres negros. La acción era bastante dinámica, pero Tavo y yo nos dedicamos casi solo a comentar lo grandes que eran los penes de aquellos afroamericanos.

La siguiente película era tipo casera, acerca de un hombre en una camioneta ofreciéndoles dinero a mujeres en la vía pública, a cambio de grabarlas teniendo sexo. No nos gustó. Coincidimos en que los cuerpos de esas mujeres eran demasiado normales, al punto de hacernos pensar en nuestras maestras cogiendo, y a la mierda las maestras, estábamos de vacaciones.

Para acompañar el tercer film, preparamos unos huevos revueltos. Quedaron muy bien porque Tavo les agregaba dos cucharadas de leche en polvo para que adquirieran volumen. Aunque apreciamos la intensidad de los actores en esta película, nos pareció demasiado gráfica. Los enfoques eran tan cercanos que era imposible reconocer qué estábamos observando y en dónde terminaba un cuerpo y comenzaba el otro. Nos dio asco, así que la quitamos. Mientras nos terminábamos los huevos, pusimos un partido de la Premier League.

Para entonces me sentía algo decepcionado. Estos no estaban siendo ningunos «chimes de categoría». Estas eran secuencias de gente haciendo mierdas que nadie haría con sus cuerpos.

A eso de las ocho de la noche, salimos a que nos pegara el aire y hablamos de cosas que no tenían nada que ver con la porno, ni con el sexo en general.

Le consulté a Tavo si íbamos a seguir viendo chimazón y me respondió que ni modo «¿o te ahuevás?». Yo no me ahuevaba, era solo que ya no quería ver porno. Pero volvimos a entrar, justo a tiempo para el comienzo del próximo trabajo cinematográfico.

La película arrancó prometedora: una bella pelirroja ingresaba a un cuarto vistiendo una gabardina de cuero y botas de equitación. Luego desabotonaba su gabardina revelando un cuerpo tonificado, una angosta cintura… y un cincho con un pene de hule incrustado. Nosotros no pudimos explicarnos ese evento. ¿POR QUÉ? ¿QUÉ PERSONA IBA A SALIR BENEFICIADA DE QUE UNA MUJER LLEVARA UNA PALOMA DE HULE COLGANDO? No estábamos juzgando, pero en el momento nos pareció algo conceptualmente equivocado.

Cuando la cámara enfocó a un hombre gordo sudoroso, amarrado en la cama, de espaldas, con una pelota metida en la boca e intentando gritar, decidimos ponerle fin a nuestra maratón y substituirla por la octava exhibición de Soldado Universal.

Al día siguiente le devolvimos el decodificador al chamusquero. Se lo entregamos en una bolsita Ziploc, como si entrar en contacto con el aparato fuera entrar en contacto con algo maldito como la lanza de Mammon o el sudor del gordo amarrado en la cama.

 

Epílogo

Aquella madrugada sentí algo especial por María Celeste. Cariño o algo así. Su escote me pareció sensual de una manera sutil. De ella me encantaba su fleco, su bronceado, el acento caribeño con el que pronunciaba «ahora viajaremos a la pequeña aldea de Muyupampa, en la provincia de Villa Vaca, Bolivia, en donde conoceremos al Niño Sapo».

Pero sobre todo, me fascinaba lo mucho que no llevaba puesto un cincho con una moronga de hule.


Si esta historia te provocó placer, felicitaciones: ahora sos homosexual. Si está historia no te gustó, felicitaciones: ahora sos un niño sapo. En ambos casos, buscame en  Facebook y seguime en Twitter! :D

El autor del Gif que acompaña este relato, se llama Gustavo y podés seguirlo en su página. Es tan talentoso haciendo arte, como dirigiendo maratones de porno. 

JESSICA

JESSICA

Ilustración: Danilo Lara (yo, pues)

2006. Entré a la galería de arte y encontré a Jessica. Hundida en el sillón rojo de la esquina, en medio de una maceta y el garrafón de Salvavidas que hacía “gluc” cada seis minutos. Detrás de ella colgaba un Elmar Rojas de diez mil dólares. En la mano sostenía un fólder beige de a quetzal.

Parecía colegiala del Centro, de las que andan sacando fotocopias y comiendo mango verde. Asumí que no era una clienta y que ese conjunto de pantalón, blusa y chalequito fue el mismo que usó en sus prácticas. También llevaba unas calcetas gruesas de color amarillo, tan feas que si la persona con la que vas a hacer el amor las tiene puestas y descubrís que es un hobbit, se las arrancarías con los dientes de ser necesario, porque los pies de un hobbit son más eróticos sin esas calcetas puestas. De todos modos, el código de respeto que distinguía mi trabajo como dependiente de mostrador, me exigía no ser prejuicioso y mostrar una actitud de completa amabilidad ante cualquier persona de cualquier condición.

Le pregunté cómo podía ayudarla y me contestó: estoy esperando a la licenciada para la entrevista de secretaria. Hablaba demasiado rápido, como si cada palabra fuera un Pac-man hartándose a la siguiente. La onda es que Jessica era bien chula: morenita, sus cachetíos, nariz chata, ojos algo chinos, pelo negro hasta los hombros con rizos humectados, y un bache en la frente porque de güira se rascó la varicela. La licenciada ya no tarda en venir, le expliqué queriendo tranquilizarla. Pero yo solo estaba hablando mierdas. Ni conocía su paradero, ni existía entre la licenciada y yo algún vínculo psíquico. Solo era mi jefa, la dueña del negocio, y yo, el vendedor de cuadros y a su vez asesor de enmarcado.

Soy Danilo –me presenté. Mucho gusto, me llamo Jessica. Y tú, ¿qué sos? –dije, creyendo que era obvio que me refería a su profesión. Yo sé que uno puede ser varias cosas a la vez pero, decir “¿qué sos?”, es como las personas les preguntamos a otras a qué se dedican, y ellos te contestan ay soy ingeniero o fijate que estudio Derecho o tengo una mi empresa de instalación de cocinas. Excepto los hippies, porque ellos te contestan que son energía Prana universal que ha convergido en un tiempo y espacio específicos para enriquecimiento de todo lo que tiene vida. AAAAAAAY, HIPPIES.

Jessica no era hippie. No era una persona normal tampoco, a mi pregunta de “¿qué sos?” me respondió: soy pura Crema. No la corregí. No tengo idea de qué clase de experiencias te llevan a considerarte, primero que todo, pura Crema. Pero decidí que Jessica era demasiado adorable y que yo no era ningún cerote como para andar corrigiéndola. La entrevista estaba acordada para las doce, pero la licenciada llegó a las dos. Entró corriendo, alegando sus tradicionales problemas de caquera, como que perdió el control remoto del portón del condominio, o que le corrieron la cita en el salón, o que los mozos se demoraron ordeñando las cabras ibéricas y no había leche para bañarse.

La licenciada se disculpó con Jessica por el atraso. O por lo menos, el equivalente a disculparse según la licenciada. Entraron a la oficina y mientras tanto saqué mi almuerzo. Me fue imposible comer, estaba ansioso esperando que Jessica no la cagara en la entrevista y así volverla a ver. Por qué te pusiste esas calcetas, Jessica. No vayás a decir que lo que sos es pura Crema, Jessica. Convencé a la licenciada de que tenés las aptitudes, la disposición para aprender y la actitud orientada a metas que requiere el puesto, Jessica. Hacelo por mí… por nosotros, Jessi. La entrevista duró veinte minutos. Después, Jessica salió rumbo a la puerta, caminando ligero y desplegando una postura confiada. Adiós pues, usté –me dijo siendo un encanto.


El día siguiente, lo primero que noté fue que habían cambiado el Elmar Rojas de diez mil dólares, por el horrible acrílico de un jaguar en medio de una jungla con un chingo de guacamayas volando. La galería estaba en silencio, excepto por el “jazz leve con el que ambientan las galerías en Atlanta de donde traje estos discos re nice” que siempre poníamos –en cumplimiento con las normas impuestas por la licenciada y que yo no seguía los domingos en los que me quedaba solo, a cargo del negocio, cuando ponía trance porque YO ERA ASÍ DE LOCO, TÓMALO O DÉJALO.

Conforme caminaba, mis latidos se hacían casi tan fuertes como el “gluc” del garrafón.

Llegando a la recepción, tuve una visión del futuro. De un futuro hecho mierda sin Jessica. Gritos de niños, columpios ardiendo en llamas, elefantes diabólicos aplastando gente, yo convirtiéndome en una máquina. Si ese va a ser el futuro, está bien, pensé. Pero quería vivirlo con Jessica, quería ser aplastado por un elefante diabólico pero junto a Jessica, tomándonos de las pinzas hidráulicas que tendremos por manos. Ya había vivido veinticuatro años bajos en Jessica y no pensaba seguir un puto día más.

Antes de abrir la puerta de la oficina, estudié la peor de las posibilidades: una vieja ñoña sentada en la silla de secretaria. O tal vez una vieja buena onda. O una hija de la gran puta. Da igual. Por mí puede estar Frida Kahlo y yo no voy a preguntarle “ay, Frida, contame cómo pintaste esas cosas tan bonitas pero tristes, ¿llevabas mucha angustia por dentro?” ni tampoco voy a preguntarle “¡¿NO SE SUPONE QUE ESTÁS MUERTA, FRIDA, QUÉ MIERDAS HACÉS DESEMPEÑANDO EL PUESTO DE SECRETARIA EN GUATEMALA, SOS UN ZOMBI O NO SOS UN ZOMBI?!”

Simplemente, no le voy a preguntar nada. Yo solo voy a estar bravo, haciéndole jetas todo el día a Frida Kahlo por no ser Jessica. Por ser solo otra no Jessica más en el mundo.

Suspiro. Abro la puerta con la mano bien sudada. Frente a mí, la silla de secretaria la ocupa una que sí es Jessica. Buenas tardes, Danilo. Marque su tarjeta de entrada, por fa. Le cuento que voy a ser estricta con eso, diuna vez le digo.

Espero que esto no suene degenerado, pero estaba tan ilusionado con ver a Jessica todos los días, que habría ingerido todos mis líquidos directamente de su calceta amarilla, si eso ponía una sonrisa en su rostro.


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Si sos Jessica, solo quiero que sepás que estos años he tenido una vida amorosa plena y emocionante… mjm, sí, plena y emocionante… ah, no, es que me da como infección en los ojos por los ácaros, a veces… no son lágrimas. No estoy llorando.

DR. SUGER: HÉROE DE ACCIÓN

GALILEO v SUGER

Foto de fondo: óleo de Maugdo Vásquez en la Universidad Galileo.

THE SIAMESE TIME LORDS: GALILEI VS SUGER (2016)

18  |  97 min  |  Action, Thriller, Sci-Fi, Drama, Romance  |  05 January 2016


Italia, 1564. Giulia Ammannati descubre que las criaturas que lleva en su vientre son siameses unidos por la cabeza. Sabiendo que la Iglesia Católica los considerará engendros infernales, escapa en búsqueda de la ayuda de un viejo amigo: Leonardo Da Vinci. Acorralados por soldados de la Santa Inquisición y a pocos minutos de concebir, Giulia se oculta en una imperfecta cápsula del tiempo construida por Da Vinci, dentro de la cual se encargará de parir.

Los bebés de Giulia nacen sin complicaciones. Galileo no para de llorar. Sin embargo, al otro, Giulia no puede escucharlo… ¡Porque Suger nació en 1938 y en Suiza!

Los gemelos desarrollan telepatía extra temporal. Su adolescencia fue muy difícil, porque cuando Galilei se masturbaba Suger podía sentirlo, solo que, por la Relatividad, 10 segundos de orgasmo de Galilei equivalían a 11 horas de orgasmo de Suger. Por eso, Suger pasó la mayoría de su adolescencia teniendo un orgasmo. A pesar de todo, ambos se hacen asombrosos físicos y matemáticos. Galileo se convierte en el mayor defensor del heliocentrismo cuando Suger se lo revela en un sueño. A su vez, Suger aprendió el heliocentrismo leyéndolo en un libro que Galileo había escrito 400 años antes. Suger inventó una universidad y le puso Galileo‘. En agradecimiento, Galileo le decía ‘Suger’ a uno de los senos de la mujer con la que fornicaba.

Galileo mejoró el telescopio, descubrió 4 satélites de Júpiter y determinó la rotación del sol. Suger se lanzó para presidente de Guatemala 3 veces, pero no quedó.

Mientras celebran la Navidad dándose regalos mentales, Galileo y Suger descubren que la verdadera Navidad es más que regalos mentales y que tu hermano gemelo craneópago de una dimensión paralela puede ser también tu mejor amigo. Desafortunadamente, esa noche mágica también descubren que el vórtex que une sus cráneos en el espacio / tiempo está configurando un agujero negro que devorará todo lo que existe. Para salvar el Universo, uno de ellos deberá morir.


En este trepidante thriller de ciencia ficción, los sumos Amos del Tiempo favoritos de todos: Galileo y Suger, dejarán de lado sus lazos de amor para enfrentarse en un duelo letal extremo que los llevará a través del tejido de la realidad. Para determinar quién habrá de perdurar como Máximo Amo del Tiempo, combatirán como espermatozoides en la arena más sangrienta de todas: el ovocito de su madre.

Si Suger también es tu Time Lord Siamés favorito desde niño, seguí esta Suger-encia: ¡Dame like en Facebook y buscame en Twitter! :D

CÓMO SE ESCRIBIÓ “COMO YO LE DOY” DE PITBULL Y DON MIGUELO

Como Yo Le Doy -Pitbull ft. Don Miguelo


Letra:
Ella siempre me llama a las 3 de la mañana
Dice que soy su pana
El que le quita las ganas
Y si ella supiera que me llama su hermana
Porque también soy su pana
El que le quita las ganas

Productor: amigos, tenemos esta línea “Ella siempre me llama a las 3 de la mañana. Dice que soy su pana, el que le quita las ganas”. Muy bien, chicos ¿qué rima con “ana”? :)

Pitbull: ¡Ana, el nombre!

Productor: okei. Tenés razón, por favor hacenos la rima.

Pitbull: “Ella siempre me llama a las 3 de la mañana. Dice que soy su pana, el que le quita las ganas… Ana”.

Productor: mmm, eso no tiene tanto sentido, Pitbull. Además es muy corto, creo que tendrían que ser más de 1 palabra, al menos 8. ¡Vamos, muchis, saquen ese talento que sé que tienen! :)

Don Miguelo: “Ella siempre me llama a las 3 de la mañana. Dice que soy su pana, el que le quita las ganas el hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza Ana”.

Productor: a ver, Don Miguelo, esa es una frase de Nietzsche ¿no?

Don Miguelo: yes!

Productor: no, pues te felicito por estar leyendo filosofía. El problema que veo en esa línea, en particular, es que solo es una frase de Nietzsche a la que le agregaste “Ana”. No tiene nada que ver con la canción. Nada.

Pitbull:
“Ella siempre me llama a las 3 de la mañana. Dice que soy su pana, el que le quita las ganas. Y también le quito las ganas a Melani, Judith, Dinora, Brenda, Melani, Ruth  y ¡ANA!”.

Productor (preocupado):
Pitbull, siento que esa es solo una lista de siete nombres de mujeres. Es más, ni siquiera son siete nombres diferentes porque dijiste “Melani” dos veces.

Pitbull:
Son dos Melanis. A una casi solo le dicen “Colocha”.

Productor:
Bueno, pues fuera Melani. No Melani.

Pitbull:
¿La Colocha?

Productor (exhalando):
¿Don Miguelo, alguna otra idea?

Don Miguelo:
“Ella siempre me llama a las 3 de la mañana. Dice que soy su pana, el que le quita las ganas. El que le quita las ganas, dice que soy su pana. Ella siempre me llama a las 3 de la mañana”.

Productor (con la moral deteriorada):
Perdón Don Miguelo, ¡¡¡¡QUÉ MIERDAS ES ESO!!!!

Pitbull:
Es un palitroque.

Productor (con la moral pulverizada):
Puta Madre, ¿un qué, Pitbull?

Pitbull:
Un palitroque, frase que se lee igual al revés.

Productor:
Se dice palíndromo, y no, no es un palíndr…

Pitbull:
O sea pues, digo que también la podés leer si la empezás por detrás… aunque yo prefiero acabarla por detrás DALE, YEAH, YA TU SABE ;)

Productor:
¿”Por detrás”?

Pitbull:
Sí. Es una canción satánica. Si la escuchás para atrás es un manual para invitar a Caacrinolaas y su legión de 36 demonios a entrar en tu habitación y en tu vida.

Productor:
Estoy seguro que no es eso, ¿verdá, Don Miguelo? ¿qué significa “Ella siempre me llama a las 3 de la mañana. Dice que soy su pana, el que le quita las ganas. El que le quita las ganas, dice que soy su pana. Ella siempre me llama a las 3 de la mañana”?

Don Miguelo:
Es una referencia al modelo del Big Bang: a partir de la expansión inicial, el Universo alcanzará un tamaño máximo y entonces comenzará a colapsar terminando en un estado similar al que comenzó. Es lo que quise representar en ese coro. Es simétrico.

Productor:
Gracias, Björk. Muy interesante. Mirá, este es el rollo: esta canción es para que la mara guaree y baile y se vayan al puerto a chingar. Por ejemplo, el video es una secuencia de de varias mujeres chichudas en lencería.

Pitbull:
¡¡Wuuuuuuuuuaaaaauuuuuuuuuuuuuuuuu!!

Productor (suspirando derrotado):
¿Entendés, Don Miguelo? Lo que quiero decir es que lo siento demasiado profundo.

Pitbull:
Eso mero me decía tu hermana DALE, YA TU SABE, YEAH ;)

Productor (su humanidad se ha extinguido):
Así sin paja comé mierda, Pitbull. De verdá, yo solo te voy a encargar que respetés a mi fami… tiempo, ¿dijiste “hermana”? Eso es genial. Qué tal esto: “Ella siempre me llama a las 3 de la mañana. Dice que soy su pana, el que le quita las ganas. Y si ella supiera que me llama su hermana”.

Pitbull:
¡¡Wuuuuuuuuuaaaaauuuuuuuuuuuuuuuuu!!

Productor:
Don Miguelo, ahora ¿por qué a nuestro personaje lo llama “la hermana”?

Don Miguelo:
Ya sé: las hermanas son una analogía de lo que es el mundo actual. La primera representa el discurso occidental sobre la economía y el progreso. La segunda simboliza Oriente y la canción es una metáfora de los conflictos ideológicos a los que se enfrenta el individuo dentro de una reali-

Productor (ha visto el abismo, y el abismo lo ha visto de vuelta):
TU MADRE DON MIGUELO. EN SERIO TU MADRE.

¿Pitbull? ¿Qué sigue después de “Ella siempre me llama a las 3 de la mañana. Dice que soy su pana, el que le quita las ganas. Y si ella supiera que me llama su hermana porque…”?

Pitbull:
¿”También soy su pana, el que le quita las ganas”?

Productor (destruido y hecho de nuevo):
¡¡¡AAAAAAAAAAAAGGGGGHHHH!!!

Perfecto, perfecta canción. Pueden pasar a recepción, con Melani, a recoger sus cheques por $844,690,992,103,000000000.87

Pitbull:
¡¡Wuuuuuuuuuaaaaauuuuuuuuuuuuuuuuu!!

Sería re tuanis que me dieran like en Facebook y me siguieran en Twitter :)
(: rettiwT ne nareiugis em y koobecaF ne ekil nareid em euq sinaut er aíreS

¿Caacrinolaas… eres tú? :o