RESEÑA DE BATMAN V SUPERMAN: EL ORIGEN DE LA JUSTICIA

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Antes de entrar a ver BATMAN V SUPERMAN: EL ORIGEN DE LA JUSTICIA llevé a cabo la rutinaria visita al baño. Mientras me lavaba las manos, dos chavos se encontraron y se dijeron “Qué onda ¿Ya listo nel?”, “Simón, ¿a quién le vas?”, “Superman, ¿vos?”, “Batman”, “Buena onda, a ver qué tal”, “Casaqueamos al rato pues”. Así tipo partido de la Champions.

Como alguien que ha suspirado por ver al panteón de superhéroes de DC juntarse en la pantalla grande, desde una época en que—mirándome al espejo—también suspiraba por ver una cantidad respetable de vellos faciales juntarse en mi cara, yo a quien le iba en esta película era a la AMISTAD.

Antes de la película no me interesaba tanto qué tan bien ejecutada estaría la pelea central, sino qué tan bien ejecutada estaría la reconciliación. Pero durante la película ya no me interesaba eso. Ya ni le iba a Superman ni a Batman ni a la amistad, solo pensaba “Que se vayan esos dos hombres malos, mamá. Ya no los quiero ver más”.

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Lo que pasa es que el Batman de Ben Affleck es un excelente Batman. Es brutal, determinado y distribuye katos con el carácter que ningún otro Batman de cine, cine porno o cine porno con marionetas hechas de papel crepé lo ha hecho. También es sombrío y le tiene poca fe a la humanidad. Puedo vivir con este Batman. Pero Superman se supone que sea su opuesto filosófico: un torrente de disposición a creer en la gente. Pero nel. Este Superman también es sombrío solo que en otro sabor. El choque moral entre ambos es menos Iron Man vs Capitán América y más Freddy vs Jason.

Yo sé que desde los ochentas ha habido versiones bien darrks de Batman y también de Superman, y buenas historias con versiones extremas de los personajes (The Dark Knight Returns o Superman: Red Son, por ejemplo). El problema es que DC está comenzando su propio universo cinemático a lo Marvel, y es turbio—y puede ser nocivo—pintarlo sobre un canvas tan influenciado por cómics que pretendían deconstruir a los superhéroes, cuestionar su existencia o solo demostrar qué tan “gruesos” y macabros podían hacer a los Súper Amigos porque así eran los noventas cuando nos gustaba Korn, Marilyn Manson o Papa Roach.

En especial siendo fan de Superman, El Origen de la Justicia, y su precursora Man of Steel, son experiencias dolorosas. Es como ser amante de los chicharrones y tener que ver a un chef extrayéndoles la grasa y después rellenando sus cueritos con espinaca para hacerlos wraps. Así de MAL entiende Zack Snyder a Superman.

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O más bien es que Snyder entiende a Superman en una forma visual, icónica: poses clásicas sacadas de una página de Alex Ross, posturas renacentistas, descensos eclesiásticos del firmamento, iconografía cristiana hasta la chingada, etc. Pero yo creo que su fetichismo por las imágenes juega en contra de un entendimiento profundo del personaje—las pocas veces en que este Superman aparece ayudando a las personas, que es lo que un Superman hace, Snyder compone la escena de manera que Kal-El se ve distante, divino, fundamentalmente alien, en lugar de mostrarlo interactuando con la gente como el buen chato de Kansas que es.

Para mí el secreto es que Superman no es un héroe de acción, ni es Goku, ni tampoco una metáfora de Jesucristo. Las historias que más he disfrutado de Superman no terminan en derroches de poder, chivarretos cósmicos o su propio sacrificio. Terminan cuando sus enemigos esperan de él poder y violencia, y él les responde con compasión y astucia.

Yo sé que estamos en la era de los mega-blockbusters bombásticos, y que ninguna película moderna de Superman va a tener como clímax al Último Hijo de Krypton buscando una forma imaginativa de hacer que Mr.Mxyzptlk diga su nombre al revés y con ello vuelva a su 5ta Dimensión. Me encantaría, pero no va a pasar. Solo digo que para trasladar al Superman, y al restante desfile de héroes y villanos en trajes ridículos que a mí me gustaría ver, hace falta una humanidad, una ironía y un sentido del humor que no he visto en el lenguaje cinematográfico de Snyder (sin olvidarnos que el guión de David S. Goyer y Chris Terrio es desastroso).

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Por suerte, no solo soy fan de los cómics o de Superman. También le entro a la mitología y en ese aspecto la película no me defraudó, es una tragedia griega de escala mítica en donde los personajes dicen cosas a la vez espléndidas y absurdas. Eso me gusta.

También me gustó el Lex Luthor de Jesse Eisenberg. Actúa de una manera que entiendo por qué a algunos les ha dado ñáñaras, pero es diferente y un villano que es una escoria temible de persona—su última escena hizo más por venderme la idea de un poderoso mal inminente que todas las apariciones juntas de Thanos en el universo Marvel.

Entre todo, lo más gacho de la lica es la forma poco elegante en que muestra la existencia de los otros miembros de la Liga de la Justicia. No me gusta cuando Marvel interrumpe la fluidez de una trama para insertar eventos por desarrollarse en otra de sus licas, pero al menos ellos ya tienen un plan encaminado que en general ha dado licas chingonas entre las que hay algunos puntos de calidad bien altos. Cuando Batman v Superman lo hizo, lo que pensaba era “Muchá, cuéntenme bien esta película (no lo hacen) y luego hablamos de sus otros muchachos con habilidades especiales y vemos si me interesan”.

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Respecto a los planes de su universo cinemático, DC apenas se hace el quite con esta entrega. Vaaaya, está bueno, voy a ver Suicide Squad en agosto porque se ve alegre, me gusta David Ayer (Fury, End of Watch) y porque es una lica sobre villanos, así que no me importa si todos actúan como pedazos de mierda (de hecho, ese es el punto). También voy a ver Wonder Woman (2017) porque Patty Jenkins (Monster) ha dicho puras cosas acertadas sobre el personaje y porque, en los ratitos en que entró a chamusquear en El Origen de la Justicia, Gal Gadot hizo que Hera se sintiera orgullosa.

Pero no prometo querer ver la Liga de la Justicia si Snyder sigue chisguetéandolo todo con su angustia de adolescente noventero con una playera de Disturbed. Estos personajes son los juguetes más valiosos que tiene DC/Warner y Snyder es de esos chavitos que les prestás tu Flash para que juegue y te dice “Hey, mirá, ahora Flash está montando a este loro que acabo de sacar de su jaula y que maté con este martillo enfrente de toda su familia de loros” o algo así de DARRRKK. Así que yo diría que le quiten los juguetes cuanto antes por fa.

¡¡BONUS ESPECIAL TIME!!

PELÍCULAS CON MAYOR CANTIDAD DE HUÉRFANOS:

4) El Orfanato
3) Batman v Superman: El Origen de la Justicia
2) Dos Nacos en el Planeta de los Huérfanos
1) ¡El Aire Está Lleno de Huérfanos! (una película de ciencia ficción y romance que estoy escribiendo, en la que un hombre conoce a una mujer y se enamoran, pero nunca pueden darse el primer beso porque el aire que se interpone entre ambos está contaminado con millones de pequeños huérfanos)

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RESEÑA DE THE MARTIAN

TM

Contiene S P O I L E R S

Iba a mi casa después del chance, cuando decidí agarrar para Cayalá y entrar a la última función de THE MARTIAN. El tráfico estaba siendo una basura, así que pensé que ver en el cine a Matt Damon atrapado en Marte, sería mejor idea que ver en el retrovisor a un hombre que no es Matt Damon atrapado en el tráfico. A huevos, fue una mejor idea.

Al salir, tenía ganas de hacer ciencia. The Martian hace que querrás ser un científico. Como Rocky hace que querrás ser un boxeador, Erin Brockovich que querrás ser un activista, Batman Begins que querrás ser Batman, Mi Novia Polly que querrás ser novio de Jennifer Aniston, Picture Perfect que querrás estar siempre con Jennifer Aniston o Marley & Yo que querrás ser un perro si eso significa poder oler el dulce cabello de Jennifer Aniston.

Lo voy a decir y me vale madre, o mejor dicho, me vale Marte (perdón). The Martian es mi película favorita de Ridley Scott. Pienso que es la mejor película que Ridley Scott ha hecho—y he visto exactamente el 40% de ellas, así que tómenlo como quieran.

Alien, Blade Runner, Gladiator y Black Hawk Down son licas que me gustan demasiado. Pero no creo que ninguna de ellas fabrique personas tan bien como The Martian. Acá, Scott cachó que el humor es parte importante de la experiencia humana. Los seres humanos generan humor e ironía aunque se los esté llevando la gran puta (como ocurre en la mayoría de sus películas) o haya algo a punto de salir de sus estómagos (como ocurre en la mayoría de sus películas).

La ironía en The Martian es un refrescante chisguetazo de agua marciana en cómo Ridley Scott cuenta historias. Él es un esteticista, que sabe hacer que las cosas se vean fuckin gloriosas. Mi. Huevo. Si. No (sí, esa fue Cameron Diaz cogiendo con un carro. Gud taims). Pero cuando le faltan el humor y la ironía, los personajes en las movies de Ridley Scott pueden terminar siendo solo conceptos cool que escupen frases que suenan trascendentales (Blade Runner), mara tirando melodrama (Gladiator), gente hablando incoherencias (Prometheus) o Cameron Diaz cogiendo con un carro (The Counselor).

En The Martian, las personas parecen personas actuando como personas (en gran parte, gracias al guión de Drew Goddardque también escribió The Cabin in the Woods, uno de los mayores logros de la humanidad en el siglo 21). El resultado es una lica con los grandes temas de Ridley Scott, como la religión, y también bastante simbolismo, como una engasada escena final en la que Mark Watney (Matt Damon) flota para ser rescatado por la comandante Lewis (Jessica Chastain) y se enreda en el cordón de la Unidad de Maniobra Tripulada, como un bebé comenzando la vida. Pero, esta vez, en el centro de la lica está la humanidad de los personajes.

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También en el centro, está la ciencia. Está lica ama la ciencia. Ama la ciencia tanto como la San Martín ama ponerle texturas a sus menús.

Tengo que aclarar que no sé mucho de ciencia, o de cómo funcionan las cosas. Por ejemplo, cuando a alguien se le queda el carro y me pide que abra el capó para checar,  espero encontrarme con los dos únicos diagnósticos que puedo dar: 1) “señor, las partes de su vehículo son de juguete. Usted está manejando un carro de juguete”. 2) “señor, su motor está lleno de Cameron Diaz enanas haciéndole el amor a las piezas”.

De hecho, soy tan malo en la ciencia que si estuviera en Marte, y solo tuviera papas y un vergo de popó de gente, en lugar de hacer una siembra de papas como hace el protagonista, yo habría construido un Frosty hecho de popó con ojos de papas, para que Santa Clos lo viera desde el espacio y llegara a rescatarme… o no, solo querría que Santa mire lo que hice con popó.

El punto es que, con tantas licas de ciencia ficción enfocadas en mostrarnos cómo la ciencia aplicada podría chingar el futuro, resulta tuanis hallar una lica que celebre la capacidad lógica del ser humano, pero a la vez su empatía. No como dos elementos que se excluyen, sino como cosas que sirven el mismo propósito: hacer nuestras vidas más chileras y emocionantes.

Además, en un encantador montaje, la lica tiene esta canción. Es lo mejor.